4/11/12

cedulitas de San Juan

Mi abuela es mi compañera de domingo. Cuando viene a Burato vamos a la cancha, cuando no, voy a su pueblo que queda a 15 kilómetros del mío.
Mi abuela tiene 89 años y enviudó hace un par. En realidad no tiene 89 años porque parece rejuvenecida como en Cocoon.
A veces llego a su casa y está parada sobre un banco lijando el portón de afuera o ayudando al albañil a preparar la cerecita para la pared del zaguán o en invierno, hachando leña para la cocina.
Después de que murió el abuelo todos creímos que se iba a querer venir a vivir a casa, pero ella dijo ni pensarlo es bueno y cuando mi abuela dice esa frase no hay quien la doble. Que ella había construido esa casa con el Chueco y que la sacáramos de ahí cuando esté bien muertita.
Estuvo muy triste un tiempo pero ni por un segundo abandonó la tarea de hacer exquisitas comidas para ella sola, coser muchísimo, mirarse todos los programas de política habidos y por haber, plantar la Siete Hermanas en el fondo y hasta hacer macetitas con tréboles para regalar.
Los recuerdos de su amor están en la casa de forma mesurada, un par de portarretratos, el recado armado en el garage y un florero que se renueva con flores frescas semanalmente. Cada vez que lo armamos me dice cómo le gustaban las flores a tu abuelo, armaba florero siempre, una flor de un color, otra de otro color y una ramita de helecho. Así, el ritual.
Hoy tuvimos una charla extensa sobre el amor. Yo vi a mis abuelos con más de ochenta años invitándose a paseos, abrazándose, bailando, agarrándose de la mano.
Tuvimos una charla extensa sobre el amor, lloramos, nos reímos, lloramos de risa.
Me contó una cosa que grabé y ahora trascribo:

[...] cuando yo tenía 15 años fuimos muchas familia a un baile, muchas es un decir porque, imaginate, no éramos muchos. Yo fui a caballo con Flora. Cuando el Chueco se me acercó y me dijo si quería bailar yo bajé la cabeza y le dije despacito (dramatiza) no puedo, hasta los 18, papá no me deja. Ahí fue él al otro lado de la mesa y se ve que le preguntó y papá hizo sí con la cabeza. Seriote, pero dijo que sí. Yo vi y ¡ay! me puse nerviosa. Y bailamos un baile precioso y a mí me transpiraban las manos de los nervios y a  él no sé muy bien porque viste que antes en la mano para bailar, los hombres se ponían así, ¿ves? un pañuelito.
[...] Después de eso papá murió y nosotras estuvimos todas casi dos años de luto. Si yo siempre te cuento que mamá envolvió la radio en un papel, como de molde, muy finito así y guardamos, todas mirando ahí, la radio guardándose en el placard. Porque escuchar música era falta de respeto. La radio en el placard y nosotras de negro, como la presidenta, ¿viste?.
[...]
Por un años nos vestimos todos de negro y casi no salíamos a la calle, a un baile ni hablar! Flora, Lelé, yo, mamá y Lita. Y Amelia también, de negro. A Amelia no la vimos por años porque mamá la mandó en tren a Rosario para que unas tías la hicieran estudiar porque nosotros éramos pobres como las lauchas. Y ni tía Leontina conocía a Amelia, que tenía 8 años, ni Amelia tampoco a ella. La despedimos en la estación llorando, se fue sola en el tren, de negro, y la tía allá la reconoció por el vestido negro.

Yo cosí y cosí ropa negra todo el año, abrigos ¡sacos de paño!, vestidos, blusas. Flora que era la que más tejía, todo negro, negro y negro. Hasta que al año pudimos ponernos grisecito o violeta obispo.
[...] Imaginate pensar en un baile o pensar en ver a tu abuelo. ¡Qué baile ni ocho cuartos!
Para que te des una idea, mirá... En el campo de al lado vivían las chicas de Olivera. Yo tenía como 17 años ya. Grandecita... Mirá lo que hacíamos, te vas a morir de risa. Las de Olivera de noche agarraban una linterna o no sé, porqué no sé si había linterna en esa época (se ríe a carcajadas) y venían casa. Corrían kilómetros entre la paja para venir a casa. Llegaban con todo, los pies, ¡una cosa!, chicoteados por el pasto, las rosetas, los golpes. todas las noches hablábamos en secreto cosas de chicas, que no teníamos ni idea porque imaginate, éramos brutas ¡brutas! unas pobres ignorantes, qué sabríamos de chicos nosotras. [...] Jugábamos a las cedulitas de San Juan. Teníamos que poner en 10 papelitos, así, 10 nombres de varón. De los del pueblo, no? y en otra vasijita, 10 nombres de mujer que era más fácil, porque nosotras éramos muchas y si poníamos a todas las de Olivera ya llegábamos a 10! Pero chicos conocíamos pocos varones así que hacíamos rejunte (se ríe). En la estación vivían como 5, después Tomasito, bah, cualquiera, lindo, feo, chico, grande, porque tantos no conocíamos. Y luego, bueno, sacábamos uno y uno y armábamos las parejas para el baile al que no íbamos a ir. (Se ríe) Ay... qué ingenuos, que inocentones, ya éramos grandecitos.


Todo este relato se terminó de registrar cuando mi abuela me dijo que dejemos el mate y que no la grabe más porque a quien le iba interesar la historia de ella. Yo le dije que a mí me va a interesar acordármelo y le mostré un par de conversaciones más, o de notas que dije al micrófono para no olvidarme.
Después le di de regalo unas lanas y un par de agujas de crocé que ella una vez me había pedido. Las miró, me dijo gracias negrita, y me manifestó que si no me ofendía las iba a guardar para tener labor cuando sea vieja.

8 comentarios:

Ana Miravalles dijo...

A mi tambien me interesa...
hermosa tu abuela, y hermoso este modo de contar su historia.
Como siemrpe, un placer leerte.
Besos

Anónimo dijo...

Hermoso relato, cómo todos los tuyos.

alfonsina dijo...

Gracias Ana, un placer que pases por mi blog. Y muchas gracias anónimo por el piropo. Que pase gente por acá me hace re feliz. La próxima ponga su nombre así puedo saludar con nombre!
beso a ambos!

Anónimo dijo...

Perdón! mi nombre es Julieta. Soy bibliotecaria de escuela primaria y secundaria (también de bibliotecas especializadas, pero esas son más aburridas). Compartimos varios amores: la lectura, la infancia y Uruguay. Con el fútbol no tengo la misma suerte. Te sigo hace un tiempo, gracias por las sonrisas y las emociones que generas.
Saludos!

alfonsina dijo...

Hola Julieta!!! ahora sí!
gracias a vos por pasar, me alegra que el que pasa a visitar me cuente algo lindo.
te mando un beso grande!

leticia dijo...

puro amor. ¿me invitás un día a'laska?

alfonsina dijo...

te re invito Le

Melinda Depetris dijo...

emoción de leerte, de conocer a la abuela más joven del mundo. vivan las historias de amor.