1/3/10

"Conversando con Cage: Pedagogía" Por Richard Kostelanetz



El contenido del artículo es la traducción de un fragmento del libro Conversing with Cage en el que Richard Kostelanetz recopila y ordena por temas, entrevistas realizadas a Cage hasta 1988, año de su publicación en la Editorial Lime Light de New York. Al igual que en el original, transcribimos al final de los párrafos la fecha y el nombre del autor que realizó la entrevista.



En el campo de la música dijiste que parecía imposible librarse de la armonía, pero que una vez hecho esto cambió todo el mundo de la música. ¿Cuál sería el equivalente de esto dentro del campo de la educación?

Bueno, habría que examinar el sistema de educación e intentar averiguar en qué consiste su naturaleza, su esencia, por decirlo de alguna manera, cuando no tiene ninguna de las estructuras que le han sido impuestas mediante acuerdos o convenios sociales. Una de las primeras cosas que habría que desechar y que evidentemente no tiene nada que ver con la educación es todo lo relacionado con la burocracia, lo que incluiría los formularios y el acto de rellenarlos, los certificados de diplomas, los premios y cualquier cosa que indicase la manera de hacer las cosas. La educación debe convertirse en un campo en el que no se sabe con certeza si es posible que alguien llegue a educarse, ni tampoco que no estuviera ya educado antes de iniciar la experiencia de educarse. Buckmister Füller, a quien hice una visita hace poco, dijo que cuando un niño nace, está ya, por así decirlo, totalmente educado. Tiene en su cuerpo todo lo que significa, en última instancia, la palabra «educación». No necesita nada más que nacer. —— Robert Fillou (1970).

Hemos construido nuestro gobierno y nuestro sistema de educación de tal manera que... hemos vuelto mala a la gente. La hemos obligado a ser mala. Todo el tema de la competitividad en las escuelas, donde empieza y como funciona en la sociedad, la competitividad potencia la deshonestidad. Mao Tse-tung dice que hemos de creer firmemente que las grandes masas de la humanidad son buenas. Estoy totalmente de acuerdo con esto, siempre que no las enseñemos a ser malas.

Mi propia maestra (de enseñanza media) pensaba que me estaba enseñando a apreciar la música y me dijo que no tenía voz. Yo quería formar parte del coro y cuando ella probó mi voz me dijo: «No tienes voz». Hasta que no cumplí los treinta y cinco años no canté jamás. Nuestra educación ha sido para evitar que cantemos y para animarnos a hacer trampas. Si no sabes que música es ni quién es el compositor, siempre puedes hechar un vistazo por encima del hombro de tu compañero. Aprendes muy deprisa y si haces bastantes trampas se te premiará con una estrella de plata y hasta incluso puede que llegues a participar en los concursos regionales.

Mis primeras relaciones con el sistema de educación fueron cuando me di cuenta de que no estaba haciendo lo que yo necesitaba. Simplemente abandone la escuela. Me fui. También Thoreau dejó de enseñar. Fue a la universidad de Harvard para aprender a enseñar y cuando volvió a Concord le obligaron a vestirse de una manera determinada para enseñar. Eran más estrictos entonces que ahora. También exigieron que castigase a los alumnos que no hacían lo que tenían que hacer. Se negó a hacer estas cosas, así que dejó de enseñar. —— Ellsworth Snyder (1975).

Toda la estructura social tiene que cambiar de la misma manera que las estructuras del arte han cambiado. Es nuestra creencia, pienso, ya que esto se ha logrado en las artes de este siglo, lo cuál es un indicio, por lo menos en el pensamiento de los artistas, de que existe la necesidad de que ocurra lo mismo en otras áreas de la sociedad, sobre todo cuando se trata de estructuras políticas y económicas y todo lo que con ello se relaciona, como por ejemplo las estructuras educacionales.

En primer lugar pienso que necesitamos una situación en la que no se trasmita nada: nadie aprende nada de lo que ya se supiera antes. Tienen que estar aprendiendo cosas que eran, por así decirlo, desconocidas antes de que surgiese esta situación, cosas no conocidas o no conocibles —que debido al hecho de que se reúna una persona con otras, o debido a que se reuna consigo misma, estos conocimientos que antes no podían conocerse ahora pueden llegar a ser conocidos.

Por ello no creo que tengamos que hacer nada más que fabricar un lienzo vacío sobre el cual se dejaría pintar la educación. No nos hace falta nada más que un espacio vacío en el tiempo para que pueda tocarse esta música, si la educación se refiere a la música. Y ahora que tenemos un lienzo vacío y un espacio vacío en el tiempo sabemos que en los campos del arte no hace falta que hagamos nada para tener una experiencia estética —por que ya lo es. De manera que podríamos decir de la experiencia educacional que no hace falta que aprendamos nada de forma consciente para aprender.

Lo mismo vuelve a ocurrir una y otra vez en los anales del budismo zen —el alumno viene a ver al maestro y le pide instrucción. El maestro, no dice nada —se limita a recoger hojas. El alumno se va a otra parte del bosque y se construye su propia casa; y cuando por fin se ha educado, ¿Qué hace? No se da las gracias a sí mismo, sino que vuelve al maestro que no dijo nada y le da las gracias a él. Este es el espíritu de la no enseñanza que se ha perdido por completo en nuestro sistema de educación.

¿Más servicio y menos aportación humana?

Puede suceder de muchas maneras. Una manera es ésta: al hablar de la educación, los cambios en la educación y cómo van a surgir, la gente irá tomando conciencia cada vez más —ya se está notando— de que a los cinco años de recibir un doctorado de cualquier universidad americana en un campo específico, todo lo que han aprendido a lo largo de sus carreras ya no les sirve para nada. Esto se debe al hecho de que los cambios ahora suceden más rápidamente que en el pasado y las técnicas pertinentes, la información útil, etc., ya no coincide con lo que se les enseñó. Así que uno se hace escéptico en lo que se refiere a la función de la educación y en última instancia lo que habrá que hacer es proporcionar a cada individuo, desde su infancia, una variedad de experiencias que hagan que su mente se ponga a trabajar, no como memorizadora de un cuerpo de información trasmitida, sino como una persona que participa en un diálogo: A consigo mismo y B con los demás como si también fuesen él. —— Robert Fillou (1970)

En las universidades de Japón o Europa ni sueñan con la idea de que les hicieran una función porque están demasiado ocupados con los estudios.

Es más, ellos gozan de una larga tradición —no en los ambientes escolares sino en el mundo de los adultos, de tomar el arte en serio. Nosotros seguimos la tradición de creer que el arte es algo que (los adultos) hacen bien en olvidar. —— Stanley Kauffmann (1966).

Claro que vamos a tener controles de algún tipo, pero si los pudiéramos colocar, o hacer que se colocasen, en algún lugar donde no los notásemos, éste sería el objetivo de la sociedad, ¿no crees? Yo por ejemplo no noto todo el control que crean para fabricar un teléfono. Y no reparo en la historia entera de la fontanería cuando abro un grifo, pero ahí está. Lo que no quiero es comprometerme con ello políticamente, es decir, en la historia del juicio de valores. Todos los juicios de valores que se encuentran en la enseñanza universitaria, se tratan de algo político.

Ya que pones tanto énfasis en la juventud, ¿Qué opinas sobre sus incubadoras actuales, las universidades?

Tal como son ahora son lugares a los que acude la gente para conseguir títulos, para conseguir trabajo, para entrar en esa cárcel de la que hemos hablado antes. La misma universidad sigue el modelo de una cárcel, de manera que te vas acostumbrando a la idea de la cárcel mientras recibes una educación.... «Si no haces lo que mandamos, te suspenderemos». Conoces todo esto. Pero en la universidad se están cambiando cada vez más las cosas y la libertad va entrando poco a poco. Ya se oyen expresiones tales como «universidad libre» o se oye como hay alumnos que se benefician de la universidad sin estar matriculados y que deciden por sí mismos cuando van a marcharse. O también se oye que hay universidades en las que se les permite a los alumnos que elijan sus propios planes sin imponerles un programa establecido y cada vez hay más profesores dispuestos a enseñar sin poner notas, etc., de manera que el cambio está entrando en la misma situación que apoyaba el sistema antiguo, por lo que nos encontramos a veces en una situación en la que suceden las dos cosas al mismo tiempo y por eso con frecuencia nos sentimos confundidos con lo que ocurre a nuestro alrededor. A veces ocurre por motivos viejos que están moribundos, y otras veces por motivos nuevos que empiezan a existir ahora. —— Genevier Marcus (1970)

— Sobre la compartimentación de los departamentos académicos:-

Hay un libro muy interesante de un economista botánico llamado Edgard Anderson. Creo que se titula Las plantas, los hcmbres y la vida, en él demuestra que... Bueno, como se sabe, nuestro modo de cultivar plantas es cultivar una sola planta, es decir, cada planta separada de las demás. Cuando se mezclan las plantas no parece que sea agricultura sino naturaleza salvaje, pero es entonces cuando todo regenera a todo lo demás y se convierte en una situación sana para las plantas. Yo diría que es así en la vida también.

La única clase de ideas que me interesa respecto a cualquiera de las artes son las idean que actúan como la vida, o como las plantas —después de todo, nuestro problema es que somos individuos miembros de la sociedad y que la sociedad habita un ambiente —y eso implica la Naturaleza. Y todas estas cosas deben funcionar juntas. La idea de la organización como parte inherente de la educación es muy peligrosa —y también muy útil, como sabemos. Por ejemplo si alguien llamase a un número de teléfono y cada vez que marcase ese número contactase con una persona diferente, el sistema telefónico tendría poca eficacia para nosotros. Es por ello que nos hace falta algún tipo de orden. Si al abrir el grifo no saliese agua sino polvo, o vino o cualquier otra cosa, puede que hubiera momentos en que eso fuera algo grato, pero en otros momentos sería una cosa inútil. Tenemos que implantar la organización donde es útil y tenemos que implantar la desorganización o la no predecibilidad de interpretaciones en otras situaciones. Y cada vez más, lo provoquemos o no, esto es lo que sucede debido a la comunicación. — Don Finegan et al. (1969).

En lo que se refiere a nuestras vidas y nuestro comportamiento, creo que estamos a la búsqueda de claves que nos digan como proceder y como actuar en este complicado momento histórico en el que aun quedan estructuras antiguas y estructuras nuevas que se hacen evidentes o deseables. Esto se ve por todas partes. Entonces determinamos nuestras actitudes según estas claves, una vez nos hemos convencido de su utilidad y validez, e intentamos aplicarlas. La primera que he mencionado parece muy pequeña y a la vez muy difícil porque es fundamental —esa idea de que se nos eduque sin que estemos siendo educados. Bueno, pues a ver si podemos añadir algo a esto. Si añadimos algo habrá que hacerlo en consonancia con el espíritu fundamental y no sentir antagonismos frente a él. Pues si nos deshiciéramos de esta nueva base, nos habríamos metido en lo que tú decías antes, es decir, en una nueva estructura que podría acabar por ser tan mala como la antigua. De manera que de algún modo tenemos que evitar el reemplazar o rellenar el vacío con una estructura nueva. Estamos con ello cerca de un principio nuevo que podemos reconocer, que llega de muchas direcciones diferentes. Por ejemplo un hombre llamado Avner Hovna escribió un artículo para una de las publicaciones de UNESCO sobre el efecto de la automatización en la sociedad, la tesis del artículo, si mal no recuerdo, es que debemos de sustituir nuestros valores de flexibilidad por valores de continuidad. Ahora bien, sabemos que nuestra estructura educacional, tal como la conocemos, se caracteriza por valores de continuidad —se ha resistido incluso frente al aspecto más reciente de la continuidad: es decir, la vanguardia. Pero no queremos ese valor de continuidad —no nos sirve de nada. Necesitamos el valor de flexibilidad. Así que nuestra educación debe estar caracterizada por algo que conduce al cambio en la flexibilidad. Por lo tanto volvamos a la arquitectura de la escuela —un gran espacio vacío en el que los alumnos no estén obligados a sentarse en una sola silla, sino que sean libres de pasar de una silla a otra.

Y también de una hora a otra, supongo.

De una hora a otra.

Uno de los grandes problemas de ahora es que tenemos horarios, horas...

Esto se debe rechazar. Cualquier cosa que represente una continuidad de un día para otro debe cambiarse por algo que represente la flexibilidad de un día para otro. Cualquier cosa que se parezca a una interrupción, una distracción, debe ser bienvenida. ¿Por qué? Porque nos daremos cuenta que gracias a esas interrupciones, distracciones y flexibilidades llegamos a potenciar el roce de una información contra otra, etc. —— Robert Fillou (1970).

Existe una tendencia a pensar, debido a la estructura de las universidades, que si entras en un edificio señalizado con la palabra «música» y lo atraviesas en su totalidad, saldrás hecho un músico. Esto no es cierto. Morton Feldman dijo que es cuestión de quien te enseña. El tema de los encuentros entre personas es muy importante, pero en última instancia el encuentro debe suceder contigo mismo.

No sé si las artes pueden enseñarse. Creo que el proceso de la enseñanza debe consistir en una reunión de profesores y alumnos y de este intercambio no se sabe con certeza quién va a aprender. Es posible que el profesor aprenda más que el alumno —al menos es así como empieza el libro de Schoenberd, Harmonielehre. Dice: «Aprendí este libro de mis alumnos». Yo no estoy muy dispuesto a enseñar porque creo que requeriría demasiado tiempo. Me doy cuenta de que la enseñanza tiene una función en la sociedad, pero prefiero cumplir con esa función no de manera individual, sino al continuar con mi obra, escribiendo tanto textos como música. —— Works and Days (1969)

En el arte tradicional asiático las estructuras con formas muy precisas son muy importantes. ¿Puede tener lugar ese mismo tipo de experiencia de mentalidad abierta —que es la finalidad de las operaciones casuales— con formas tradicionales? Y, al surgir de tu propio trabajo ¿son diferentes?

Cuando existe una dependencia entre las formas de arte y principios estéticos precisos, algo parecido a la educación (al aprendizaje) está ocurriendo. Llevo ya algunos años en contacto con la experiencia del posgrado y desapruebo la enseñanza. Quiero seguir aprendiendo. —— Bill Womack (1979).

En su universidad sin fin, Fuller sugiere que quitemos los tabiques que separan las clases de manera que cuando uno va, digamos, a estudiar música, puede que oiga algo de lo que se está dando en la clase de al lado (por que no habría pared entre medias) y esa clase trataría de otro tema, por ejemplo, ingeniería eléctrica. Estoy seguro de que la mente está hecha de tal manera que establecería relaciones y que estas relaciones podrían ser muy refrescantes.

Una vez, cuando estaba en la Universidad de Wesleyan no tenía obligación de enseñar pero de vez en cuando sí que daba alguna clase. Me pidieron que enseñase composición musical, les presenté a los alumnos la obra de Marcel Duchamp y dado que no se trataba de música sino de cosas que se ven en vez de que se oyen —lo que interpretaron sobre el tema provocó una variedad de reacciones. La obra fue recibida de manera original por cada uno de los alumnos —de modo que cuando me trajeron las composiciones que habían salido como resultado de esa información eran todas diferentes, mientras que si la enseñanza hubiese sido más musical habrían hecho todos cosas más parecidas. El hecho de que fueran diferentes era refrescante porque les dejó claro a los alumnos que no tenían que competir unos con otros sino descubrir algo nuevo para ellos. —— Jack Behrens (1981).

Que los alumnos puedan experimentar cosas sin que tengan que evaluarlas es una forma muy brusca de decirlo, pero creo que sí pueden. Y creo que podrán experimentarlas de manera más abierta y de otras muchas maneras si se elimina la noción de tener que evaluarlas. Según la tradición educativa, por lo menos cuando yo era alumno —puede que seais más liberales ahora— no se permitía, por ejemplo, que evaluases a Shakespeare a tu modo, tenías que evaluarlo del mismo modo que lo hacía el tribunal o el profesor. Y esto no es un acierto. Para mucha gente tiene el efecto de destruir cualquier interés personal que pueda tener por Shakespeare. Porque entonces Shakespeare se convierte en nada más que la materia de un examen, y no en una experiencia. Se convierte en el camino hacia un título o algo parecido y eso no es Shakespeare en absoluto. Así que yo diría que hay que eliminar los exámenes. Creo que si vamos a mirar las cosas y criticarlas, no hay que dejar que un tribunal se encargue de mirar, sino que miren todos, y una táctica buena que está ahora en desarrollo es que los alumnos no entreguen sus trabajos al profesor —queremos perder la distinción.

En el caso de Black Mountain College las artes eran muy compatibles con la universidad. Casi no había nada más (en 1952-53) aunque creo que sí había una asignatura de matemáticas o física. Pero en general eran sólo de arte. Lo que era muy revelador en Black Mountain era que no tenías que llegar a un término —no tenías que graduarte. Pertenecías a la comunidad al marcharte tanto como cuando estabas allí. Esto se acerca más que cualquier otra experiencia americana a la noción de Fuller de que debemos tener una universidad de la cual nunca nos graduemos. Si uno quería graduarse también podía, pero la gente de Black Mountain no lo graduaba ni lo sometía a exámenes, importaban profesores de sitios más estructurados para poner esos exámenes y esas notas.

Me invitaron a Black Mountaih para que diera clases de composición musical y no tenía ningún alumno (en 1952), nadie quería estudiar conmigo. Esto no impedía que yo me quedase allí, y tampoco impidió que los alumnos hablasen conmigo. Creo que en realidad lo que sucedía en Black Mountain era que se enseñaban muchas cosas sin que hubiera horarios fijos, momentos designados en los que debían tener lugar intercambios de este tipo. Sucedía cuando la gente estaba reunida, y se reunía sobre todo cuando tenía hambre. La comida no era especialmente buena pero todos comíamos en el mismo lugar y contemplábamos la vista del lago. La bibliotecaria dijo que el árbol de la isla estaba en un lugar equivocado. —— Works and Days (1979).

(Uno de los alumnos de Black Mountain) no quería estudiar con nadie porque hubiese preferido enseñar él. Era muy brillante. Lo interesante de este chico y la razón por la que me pregunto si sigue vivo es por que me dijo que le quedaba muy poco tiempo de vida y que iba a morir en un período de seis meses. Bueno pues, por supuesto que no murió. Yo le dije: «Da igual que te mueras dentro de seis meses o dentro de seis años o sesenta. Yo también voy a morir, y la muerte no forma parte de nuestros intereses ahora. Lo que nos interesa ahora es lo que vamos a hacer mientras estamos vivos.» Tuve también una amiga íntima, Hazel Dreiss, que era encuadernadora en San Francisco. Los médicos le habían dicho que sólo tenía seis meses para vivir pero siguió viviendo —y que yo sepa sigue con vida y vivirá más que nadie. Y te apuesto cinco centavos que Jay Watt sigue con vida. Aunque también es cierto que después de dejar Black Mountain empezó una relación algo matadora con la bebida y quizá también con las drogas —no lo sé. ——- Mary Emma Harris (1974).

[¿Cómo se distinguen] los profesores de los alumnos si no hay programa?

Creo que tendría un archivo disponible las 24 horas del día con las ideas del conjunto de profesores y alumnos como situación universitaria. Y podríamos imaginar otro tipo de archivos. A mí se me ocurre uno sobre todo. Cosas que hacer. Cosas que deben hacerse. Como si el mundo fuera una casa —cosa que es— en la que vivimos todos y la casa está en mal estado —y lo está de verdad. Creo que necesita una «limpieza» a fondo, necesita unos cuantos arreglos para que funcione. Y hay muchas más cosas que se pueden hacer. Si la gente apuntase estas cosas y las metiese dentro de varias categorías distintas, de manera que pudieras encontrar una de estas cosas en el archivo, no sólo en un lugar sino en todos los lugares que fuera pertinente —un pensamiento como éste podría ser un estímulo para la comunidad entera. Y podría haber cosas que hacer desde lo más práctico a lo más impráctico, que incluirían la invención, etc.

Creo que hay cosas evidentes que los profesores deben aprender de los alumnos. Y lo más curioso es que son precisamente las cosas que los profesores solían enseñar a los alumnos antes: leer, escribir y calcular. Muy pocos profesores hoy en día saben hacer estas cosas con el ordenador; mientras que muchos alumnos si que saben. Porque llegó después de que nos criásemos nosotros, de manera que no sabemos nada de él. De hecho nos asusta un poco. Necesitamos ayuda —¿la ayuda de quién? Es posible que necesitemos la ayuda de los alumnos para hacer nuestros programas. Tal vez. Y ¿qué les podemos ofrecer a ellos al fin y al cabo? Cuando nos hacemos esta pregunta nos quedamos pensando largo rato. En general no necesitan nada de nosotros y les gustaría que tuviéramos algo que hacer. Digamos, que fuéramos alumnos también, lo que creo que es el subtítulo del libro de Fuller: «Devolviendo el profesor a sus estudios».

¿ Pero hasta dónde quieres llevar esta idea ? ¿Es aplicable sólo en el terreno de las artes? ¿Cómo se congenia esto con la responsabilidad social, a la hora de formar a un médico, a un ingeniero, ... ?

Para estos casos tenemos nuestras cabezas que son para usar y debemos usarlas. Di antes el ejemplo del teléfono y el grifo y claro que habrá campos en los que hay que emplear una actitud distinta a la que sugiero yo, pero seguro que todo tiene que ver con la mentalidad y cómo cambiarla, lo cual implica a la filosofía, la religión, la mitología, las artes y luego la psicología; y también supongo que la sociología, el disfrutar de la naturaleza a través de la ciencia. Pero la ciencia está en esa fase de nombrar cosas. La taxonomía en la botánica es algo así como el teléfono, tiene que tener organización, porque sino el teléfono no tiene ninguna utilidad. Si ponemos nombres a todas las setas, tendremos que tener algún método para distinguir unas setas de otras y es en esto en lo que se está trabajando ahora con los ordenadores. Las taxonomías anteriores han resultado ser tremendamente ineficaces cuando se trata de la utilidad, así que ahora intentamos conseguir unas más útiles. Donde este tipo de práctica es esencial —de otro modo sólo habría tonterías— ahí es donde nos hacen falta métodos organizados para hacer las cosas. Pero en todo el resto de la actividad humana creo que podría servir de inspiración el título de E.E. Cummings: dos más dos Son Cinco. Es ahí donde el orden rígido no es más que un estorbo, no nos sirve de nada y habría que deshacernos de él, tal como dice Norman 0. Brown, como si lo hechásemos a un desagüe, donde ni siquiera tenemos que pensar en él. —— Don Finegan et al. (1969)

Y lo primero que les dije a los alumnos era que todos recibirían un sobresaliente porque estoy en contra de poner notas en las escuelas. Bueno, pues, cuando la noticia se supo por ahí aumentó el tamaño de la clase hasta que tenía a 120 personas que querían tener todos sobresaliente. Poco a poco la cosa fue calmándose hasta que quedaron unas ochenta personas que asistían con regularidad a clase. Pero los que no hicieron más que matricularse recibieron un sobresaliente. En mi primera charla con ellos les expliqué mi punto de vista. Y eso incluía el hecho de que no sabíamos lo que estábamos estudiando. Que esto era una asignatura de no sé qué. Y para dejar esto claro íbamos a someter la biblioteca universitaria entera a una serie de operaciones casuales, al I Ching, y cada persona en la clase iba a leer, digamos, cinco libros, o partes de cinco libros si estos eran demasiado gordos, el I Ching diría que partes había que leer. Y de esta manera todos íbamos a tener —pensé yo y ellos estaban de acuerdo— algo de qué hablar, algo para ofrecernos unos a otros. Mientras que si hacíamos lo mismo que hacen en otras clases, y todos leyésemos el mismo libro, sabiendo lo que hacíamos, entonces sólo podríamos competir unos con otros a ver quién había entendido más. Mientras que en esta otra clase todos nos hacíamos generosos y las conversaciones eran impredecibles. —— Hans G. Heims (1972).

Creo que las formas convencionales que afligen a la universidad en estos momentos deberían dejarse de lado, tomar medidas para eliminarlas. Por ejemplo, una vez estaba hablando con Varese sobre el tema de la armonía, que actualmente corresponde a una asignatura de un año entero en la universidad. Los dos estuvimos de acuerdo en que cualquier cosa útil que se pueda enseñar sobre la armonía puede enseñarse en media hora.

Yo sugeriría que en vez de que haya asignaturas obligatorias, que estas asignaturas existan o estén disponibles simplemente, dentro de un ambiente que anime a la gente a interesarse por ellas. El interés por temas tan generales debe surgir del alumno en vez de ser una obligación. La razón por la que dejé la universidad fue porque me horrorizaba el hecho de pertenecer a una clase junto a unos doscientos alumnos más y que se nos mandase a todos que leyésemos el mismo libro. Pensé que si todos leíamos el mismo libro era un desperdicio de personas. Bastaba con que una sola persona leyese ese libro y luego, si el libro tenía algo que ofrecernos lo podíamos conseguir al hablar con esa persona. Pero al contemplar todos esos pupitres con todas esas personas que leían el mismo libro, me quedé horrorizado, así que me marché y me fui a las estanterías de la biblioteca. Leí los libros más irrelevantes a la asignatura que podía encontrar y cuando nos pusieron las preguntas para el examen recibí un sobresaliente. Entonces pensé que al sistema le pasaba algo, así que abandoné la universidad.

Creo que la idea de un plan de estudios fijo o prácticas como esa de que todo el mundo lea el mismo libró están basadas en la creencia de que la base del aprendizaje está en la lengua que todos entienden y que las personas no sabrían comunicarse si no tuvieran la misma información. Ahora bien, actualmente esto no es lo que sucede en el campo de las artes. En el arte moderno lo que tenemos son intermedios. Es una práctica común hacer que muchas cosas sucedan al mismo tiempo. En una situación teatral o musical o cualquier actividad parecida, el centro de interés no está en un sitio concreto, todo es de interés.

Esto significa que estamos renunciando a la idea de un lenguaje acordado por todos para el uso de todos. Lo característico de estos acontecimientos que incluyen música, acciones, cine, diapositivas, etc. es que si ha sido experimentado por varias personas, éstas podrán conversar sobre ello e intercambiar sus experiencias, que habrán sido diferentes. No creo que haya habido ni sintaxis ni lenguaje en el sentido convencional. Es más un todo envolvente que ha tenido lugar. Dos personas en una situación como ésta, en la que la actividad rodea por todas partes a los espectadores, podrían estar sentados espalda contra espalda y literalmente verían cosas completamente distintas, a pesar de estar presentes los dos en el mismo acontecimiento. Y así es nuestra experiencia de la vida. ¿Por qué son así estas formas de arte? No son así simplemente para ir en contra de las reglas que rigen el arte, sino que más bien son así para que puedan presentarnos la vida que vivimos, para que podamos, como se dice, participar en ella.

Esta situación que tenemos aquí ahora mismo, la discusión que estamos manteniendo en esta sala es una situación excelente para la educación. Y también ocurre —¿no es cierto?— a nivel de posgrado. ¿No debería descender y penetrar en toda la universidad? Es decir, que la gente se reúna e intercambie información y luego, al rozar sus informaciones, una contra otra, que estimulen la aparición de más información que tal vez no se ha escrito —que la gente colabore de manera sinergética en vez de estar cada uno como en una fábrica haciendo exactamente lo mismo que hacen los demás. —— C.H. Waddington (1972).

No tengo ningún contacto formal con alumnos y me mantengo generalmente bastante alejado de la universidad (de Illinois) y ni siquiera me presento. En primer lugar fue una cosa controvertida el invitarme aquí, y la opinión del profesorado de la escuela de música estaba dividida, ya te puedes imaginar. Algunos pensaron que si venía, iba a ser un desastre y otros pensaron que podría ser algo bueno. Y creo que al final desilusioné a todo el mundo. A pesar de que no me esté promocionando, algunos alumnos llegan a venir a verme; recuerdo que uno de ellos incluso me expresó una especie de gratitud por el hecho de que no enseñe. Me dijo: «He oído que vas a enseñar el año que viene».Y había gente que decía: «¿Para qué está aquí sino hace nada en lo que a enseñanza se refiere? «Y yo dije: «Bueno pues creo que no lo haré» Entonces me dijo: «Creo que haces bien en no hacerlo». Saben que estoy aquí y si quieren verme, pueden verme y si no necesitan hacerlo, pues no tienen porque hacerlo. Puse un cartel que ponía: «Quién quiere verme, puede». Cosa que no leyeron. La gente cada vez lee menos este tipo de notas.

Excepto un día que recibí un alumno que decía que quería reunirse conmigo en el momento que yo eligiese —cuando tuviera un momento libre. Así que contesté a su nota y le dije que me llamase, que normalmente estaba libre y no me ha llamado. Curioso, ¿verdad ? ——Don Finegan et al. (1969)

John, has dicho que pasaste un año o más estudiando el pensamiento y la filosofía orientales. No se trató de leer sólo un libro sobre el tema. Profundizaste en él. Ahora bien, tal vez debido al momento en el que tiene lugar en la mayoría de las gentes, la universidad tradicionalmente es un lugar donde se tiende a profundizar más o menos en un tema u otro. Deberían poder elegir los temas en los que quieren profundizar y podría ser por ejemplo una mezcla de filosofía oriental con genética bacteriológica o alguna otra combinación excéntrica de temas dispares. Pero a mi modo de ver parece ser ventajoso lo de profundizar en algo.

Opino que la sociedad de una manera u otra debe reconocer el valor de hacer esto, pero el hacer que un gran número de gente profundice, que profundicen todos, en el mismo tema, no por voluntad propia sino porque se considera que esto les hará bien, no va a llevarnos a lograr este objetivo. Cuando dijiste que el poeta, los artistas, etc., deberían pertenecer a las comunidades universitarias creo que la ventaja de eso sería que a través de sus actividades los alumnos verían que estas personas están dedicadas a su labor. Creo que estudiamos y enseñamos a lo largo de nuestras vidas, demos clases o no y lo hacemos gracias a este método eficaz de dar ejemplo. ——C. H. Waddington (1972).

Yo no enseño. Doy conferencias o ... , le pregunté a David Tudor hace años cómo debía comportarme en estas situaciones universitarias. Me dijo: «Piensa que eres como un conductor que atropella a alguien y se da a la fuga». David Tudor es una persona absolutamente maravillosa pero también es cierto que tiene ideas muy chocantes, y aquella fue una aseveración chocante. Pero también demostraba un alto grado de percepción. Creo que puedo enseñar, pero no enseño porque desde mi punto de vista exige demasiado tiempo. Por ejemplo no creo que el profesor deba enseñarle nada al alumno. Creo que el profesor debe descubrir lo que sabe el alumno —y eso no es fácil de averiguar— y luego por supuesto debe animar al alumno a ser valiente respecto a sus propios conocimientos, valiente y práctico, etc. —en otras palabras, hacer que sus conocimientos florezcan. ¿No te parece? —— Ev Grimes (1984)

¿Les dirías algo a los jóvenes sobre la disciplina y el comportamiento?

No, no creo que podamos decir nada que sea de ayuda de verdad porque si alguien dice algo y luego otro hace lo que se le dice, la cosa no funciona bien. Tiene que ser original. Tiene que salir de aquello que le llama al propio individuo, sea desde fuera o desde dentro.

Por ejemplo en la pintura hay gente cuya obra es figurativa al principio y luego se hace abstracta y viceversa. Creo que lo que hacemos con nuestras vidas no es algo que se tenga que imitar. La vida de cada persona es original. Puede ir de A a B o al revés, de B a A o puede ir a otra letra completamente distinta o a una serie de letras distintas o incluso en círculos. Creo que lo importante, —no sé si estarás de acuerdo, pero puede que sí, aunque también puede que no— es que empiece con la decisión consciente de entregarse, de dedicarse. Cualquiera que sea la dirección y el camino que se elija, se llega mediante la determinación de dedicarse, de prestar atención a todo lo que uno tiene a su alrededor, de entregarse. —— Rose Slivka (1978)

La gente que conocía a Thoreau se quejaba. Era una figura controvertida y estaba en contra de las escuelas —fue maestro durante algún tiempo pero abandonó rápidamente el sistema de educación. Sus vecinos se quejaban diciendo que no hacía nada e incluso Emerson decía que sólo servía como capitán de un partido de ilusos, pero la historia ha demostrado lo contrario. Tres ejemplos: India a través de Gandhi a través de Thoreau, cambió toda una estructura política; los daneses, con ayuda del ensayo sobre la «Desobediencia civil» engañaron con éxito a la ocupación de Hitler; y Martin Luther King. Ahí lo tienes: todo lo que se necesita en el fondo es una reexaminación de nuestro sistema de valores en relación con la actuación de la gente. Poetas de todas las épocas y «santos», etc. han aconsejado la inactividad. Y no les hemos escuchado —al menos las universidades no han escuchado. No obstante están dispuestas a enseñar poesía. Es una situación muy extraña. —— Don Finegan et al. (1969).

Queremos ver el mundo como una universidad en la cual no nos graduemos nunca. Esta tendencia ya empieza a notarse. En el medio oeste, y tal vez en muchos otros sitios también, existe lo que se llama «complejo de universidades del medio oeste» y un alumno puede beneficiarse de los servicios de todos estos sitios y aun así seguir estando para todos los efectos en su propia universidad o alma mater. En otras palabras, creo que la idea de alma mater debe ceder, ante la del mundo sin más. —— H. Waddington (1972).

Traducción por Justine Brehm

No hay comentarios: