1/11/12

Griselda tiene 12 años y es la más "señorita" del aula. Se sienta con Eva en el primer banco, que también es toda educada y respetuosa y suelen conversar poco. Lleva un pelo oscuro y lacio recogido en una colita, siempre. 
Es hija de bolivianos, por ende, hija de un grupo de gente pujante y sacrificada que vino al pueblo con una fe tremenda y muchas ganas de forjar un futuro próspero con la cosecha.
Me suele pasar algo muy seguido en el aula, me voy de tema. Cuando reacciono hago un parate y pienso: sirve o no? Alguna que otra vez me doy cuenta que estoy lejos de lo que quiero expresar y vuelvo atrás. Otras veces (aunque los chicos sigan entusiasmados porque ven ese tiempo de charla como un recreo y me pregunten cosas absurdas), pienso que la digresión vale la pena por h o por b y sigo hablando.
Cuestión que un día conté del viaje a Bolivia y de todo lo que me había significado, y de mi encuentro con Fidelina y de todas las cosas que había aprendido y demás. En el medio de la verborragia, Griselda levantó la mano. Yo creo que todos se callaron o al menos se hizo un silencio interesante porque Griselda nunca hablaba. Me dijo que ella sí sabía quechua, que su madre era boliviana y que en su casa se hablaba.
Me entusiasmé tanto con la idea de que me enseñé que ese día creí que la había asustado demasiado. Me contó poco más. 
Al otro días me trajo dos libros, uno todo en quechua, con el que practico la fonética que ella me indica de vez en cuando. El otro se lo trajo alguien de una biblioteca potosina, a veces cuando todos están trabajando en silencio voy a su banco y le pregunto: esto se dice así? Y se se ve que casi nunca lo pronuncio bien porque ella hace un bufidito y se ríe muy comprensiva. Se mira con Eva y se ríen, nos reímos las tres. Después agarra el lápiz, subraya lo que pronuncié mal y me explica,  con extrema paciencia.








1 comentario:

Ana Miravalles dijo...

UUUyyy esto es MARAVILLOSO!!!!